Estudio Valor Productivo 2025: cerca del 40% de la ciudadanía muestra resistencia al modelo exportador chileno

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The Clinic

La tercera versión del estudio Valor Productivo, que explora las percepciones de los chilenos sobre las cinco principales industrias exportadoras del país -minería del cobre, del litio, la industria forestal, la salmonicultura y la fruticultura-, reveló que existe un respaldo mayoritario a un modelo económico basado en la salida de materias primas.

Con todo, el sondeo elaborado por Gestión Social, Criteria y la Universidad Adolfo Ibáñez, también plantea que dicho respaldo coexiste con una aspiración clara y transversal hacia una estrategia de desarrollo que incorpore mayores niveles de industrialización y manufactura local.

De acuerdo a la medición, el 59% de la población está de acuerdo con que Chile debe fomentar la fabricación nacional de bienes, incluso si estos son más costosos que los productos importados. Esta visión es compartida tanto por personas identificadas con posiciones de izquierda como de derecha, lo que da cuenta de un valor atribuido a la industrialización que trasciende las divisiones políticas tradicionales.

En esa misma línea, el 51% de los encuestados considera que los países que exportan bienes y servicios son más desarrollados que aquellos que exportan materias primas, reforzando la idea de que la ciudadanía distingue entre el modelo actualmente vigente y el tipo de desarrollo que aspira a alcanzar.

“Los chilenos ven la producción y exportación de materias primas como un camino válido al desarrollo, pero no significa necesariamente que sea el camino que más desean recorrer. La manufactura aparece como un símbolo de progreso y desarrollo. Si bien la ciudadanía reconoce las ventajas del modelo exportador, persiste una expectativa de diversificación productiva que impulse valor agregado y sofisticación económica”, señala Matías Chaparro, director de Asuntos Públicos de Criteria.

El estudio también consultó sobre los países que podrían servir como modelo a seguir para el desarrollo nacional. China (16%), Estados Unidos (14%), Japón (7%) y Alemania (7%) fueron los más mencionados. En cambio, países desarrollados cuyas economías se basan en recursos naturales, como Noruega (4%), Canadá (6%), Australia (4%) o Nueva Zelandia (3%) obtienen preferencias muy menores.

Estos resultados sugieren que las aspiraciones ciudadanas se alinean con modelos que incorporan industrialización avanzada, más que con economías basadas en industrias exportadoras como la chilena.

“Esto quiere decir que, si Chile quiere seguir una estrategia de desarrollo económico basada en la producción y exportación de materias primas, está mirando los países equivocados. Esta mirada es transversal a las personas de izquierda y de derecha”, agrega Chaparro.

Valor Productivo: resistencia al modelo exportador

Valor Productivo también midió el desempeño percibido de las industrias desde el punto de vista de la élite santiaguina y de las personas que habitan las regiones productivas de las cinco industrias medidas. Aquí se evidencia que el desempeño percibido de las industrias primario exportadoras en aspectos clave como innovación en los procesos productivos, aporte al desarrollo de empresas proveedoras regionales y control del impacto medioambiental, es siempre mejor en las personas que habitan las regiones donde estas industrias operan que en la elite santiaguina.

En términos de control y reducción de su impacto medioambiental, por ejemplo, las industrias que obtienen una mejor evaluación son la frutícola y la minería del cobre. En la primera, un 51% de quienes habitan en las zonas anfitrionas le pone nota 6 y 7 en el ámbito medioambiental. En cambio, entre los santiaguinos ABC1, solo el 35% la califica con esa nota.

Una diferencia similar se da en la industria del cobre, donde el 43% de los habitantes de zonas anfitrionas la califica con un 6 o 7, mientras que la evaluación positiva de los santiaguinos se reduce a un grupo de 26%.

“Esto ocurre con mayor o menor magnitud en todas las industrias y en todas las zonas anfitrionas. Es decir que se trata de una tendencia clara y consistente. Desde una mirada histórica, en lo que respecta específicamente al desarrollo de empresas proveedoras regionales y control del impacto medioambiental, los habitantes de las regiones anfitrionas tienen una mejor evaluación que la elite santiaguina sobre la evolución en los últimos 20 años”, puntualiza Chaparro.

Por último, el estudio detectó que un 37% de la población presenta una resistencia media o alta al modelo exportador, con mayor prevalencia entre hombres, personas jóvenes, con educación universitaria y con orientación política de izquierda. Esta cifra asciende a 45% entre la élite santiaguina con educación superior.

“El desafío consiste en alinear la estrategia productiva del país con las expectativas ciudadanas de crecimiento inclusivo, sustentabilidad ambiental y fortalecimiento de capacidades locales. Para ello, es fundamental contar con una visión de largo plazo que articule los recursos naturales con innovación, desarrollo tecnológico y encadenamientos productivos regionales”, concluye Elisa Giesen, socia de Gestión Social.

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La Tercera

Columna
Matías Concha

De acuerdo con la última encuesta de Criteria, Gestión Social y UAI de “Valor Productivo”, que mide la confianza de las industrias chilenas, se llega a la conclusión de que existe una alta disociación entre la valoración de una elite santiaguina con las afinidades de una mirada regional.

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Minería y Futuro

¿Qué explica esta fijación con la fabricación de baterías? ¿De dónde nace esta expectativa ciudadana por el desarrollo de manufactura en Chile?

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Ex-Ante

La empresa realizó un estudio sobre la percepción de los chilenos de su matriz exportadora, donde la mayoría no es partidaria de seguir los modelos de países similares al nuestro, como Australia, Noruega y Nueva Zelandia. “La preferencia por China y EE.UU. no sólo coincide con la idea de un desarrollo basado en la manufactura, sino también pone en entredicho dos principios que históricamente han sido muy valorados en Chile: la participación en mercados globales que favorecen el intercambio libre de productos, y la democracia”, señalan en Criteria.

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